Las fracturas de cadera son uno de los tipos de lesiones más comunes durante el envejecimiento.

Detrás de cada caso hay una historia; una caída doméstica, un hueso debilitado por la osteoporosis y un largo camino hacia la recuperación. Pero más allá del drama individual, esta fractura representa un desafío sanitario global. El más reciente Registro Global de Fracturas de Cadera 2025, publicado en Journal of Bone and Mineral Research, confirma que, aunque la incidencia ajustada por edad ha comenzado a estabilizarse en varios países desarrollados, el número total de casos sigue creciendo en el mundo entero debido al envejecimiento poblacional.

Estudios globales estiman que en algunos países la tasa de incidencia de fractura de cadera supera los 300 por cada 100,000 habitantes, y que el número total de fracturas podría duplicarse hacia 2050. En diversos papises de América Latina, los reportes señalan tasas más bajas, aunque la heterogeneidad es grande y los datos entre regiones varían significativamente, por lo que no hay una cifra exacta.

México ante el espejo global

En México, las fracturas de cadera son una paradoja interesante. Los registros revelan que el riesgo individual de sufrir una fractura ha disminuido ligeramente en los últimos años, pero el número total de casos sigue creciendo. En otras palabras, proporcionalmente menos personas mayores sufren esta lesión, pero hay más adultos mayores que nunca, lo que eleva el volumen total de fracturas.

Según el análisis de Clark et al. (2024), entre 2006 y 2019 la tasa por edad descendió de 167.8 a 138.5 fracturas por cada 100,000 habitantes mayores de 60 años, un cambio que sugiere una leve mejora en la prevención y el manejo del paciente geriátrico. Sin embargo, este avance se ve contrarrestado por el acelerado envejecimiento de la población mexicana: la expectativa de vida ha aumentado y el grupo de personas mayores de 60 años crece a un ritmo sin precedentes.

Es decir, incluso con mejores estrategias de detección y cuidado, los hospitales enfrentan cada vez más casos, más cirugías y una mayor demanda de rehabilitación, lo que refleja una transición demográfica que redefine cómo debemos entender la ortopedia en el país. Además, las proyecciones para 2050 siguen preocupantes: se estima que México podría pasar de alrededor de 30,000 fracturas anuales medidas en 2005 a más de 155,000, lo que implicaría un incremento de casi cinco veces.

En cuanto a resultados, un estudio mexicano de 2024 validó el Nottingham Hip Fracture Score en población local y halló una mortalidad a 30 días del 14.7 %, cifra superior a la reportada en países europeos, donde los valores suelen oscilar entre 5 % y 8 %. Este hallazgo subraya el impacto que tienen las demoras quirúrgicas, la falta de rehabilitación oportuna y la alta prevalencia de comorbilidades como diabetes e hipertensión en el desenlace clínico.

Los datos comparativos muestran que México avanza, pero lo hace en un contexto de desigualdad estructural. La infraestructura hospitalaria, la disponibilidad de quirófanos y la cobertura de rehabilitación son variables que condicionan la evolución del paciente. En este escenario, la adopción de tecnologías quirúrgicas actualizadas, biomateriales que mejoren la fijación en hueso osteoporótico, injertos óseos reabsorbibles como GeneX y protocolos multidisciplinarios orientados a reducir complicaciones puede marcar una diferencia significativa en la calidad de vida.

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Costos y carga hospitalaria

A nivel global, el gasto asociado a las fracturas por fragilidad se estima en alrededor de 400 mil millones de dólares anuales, según la International Osteoporosis Foundation. Esta cifra permite dimensionar la magnitud del problema, pues no existen estimaciones precisas que aíslen el costo específico de las fracturas de cadera. De mantenerse las tendencias actuales, el impacto económico global podría duplicarse hacia 2050.

Estos costos no provienen únicamente de la cirugía, sino de las complicaciones postoperatorias, el retraso en la movilización y las readmisiones. Por eso, los sistemas de salud han comenzado a invertir en protocolos de atención temprana, equipos multidisciplinarios y en la actualización de los materiales e implantes que permitan fijaciones seguras en hueso osteoporótico.

En este sentido, los biomateriales de nueva generación, los injertos sintéticos reabsorbibles y los sistemas de fijación más ligeros y resistentes han ganado terreno, como por ejemplo con GeneX, un injerto óseo reabsorbible ideal para tratar este tipo de procedimientos, sin mencionar que otra de las claves para mejorar las tazas de recuperación de los pacientes, está en optimizar la técnica y reducir las complicaciones, no en acelerar el acto quirúrgico.

El comparativo entre México y el mundo deja ver tres variables:

  1. Prevención y detección temprana de la osteoporosis.
    En países con programas sólidos de prevención y detección, el número de fracturas ha comenzado a disminuir. En México, el acceso al diagnóstico densitométrico y al tratamiento sigue siendo limitado fuera de las grandes ciudades.
  2. Tiempo quirúrgico y rehabilitación inmediata.
    Cada hora de retraso tras la fractura aumenta el riesgo de complicaciones tromboembólicas, neumonías y pérdida funcional. Implementar rutas clínicas para operar en menos de 36 horas es una de las metas más importantes para los hospitales del país.
  3. Calidad del registro y seguimiento de pacientes.
    La falta de bases de datos estandarizadas impide evaluar resultados a largo plazo y diseñar políticas de salud basadas en evidencias, por lo que conformar registros nacionales e internacionales de fracturas podría ayudar a comparar desempeño y mejorar resultados colectivamente.

una mirada hacia el futuro

Si algo muestran los datos 2025 es que el desafío de las fracturas de cadera es más demográfico que clínico. México comparte con el resto del mundo un mismo horizonte: una población que envejece, una carga creciente de comorbilidades y la necesidad de optimizar recursos sanitarios.

El futuro inmediato pasa por tres frentes: prevención comunitaria, cirugía oportuna y rehabilitación efectiva. Y, en paralelo, por el uso de tecnologías y materiales que favorezcan la consolidación ósea, reduzcan infecciones y mejoren la movilidad temprana del paciente.

El reto no es solo reparar huesos, sino devolver autonomía. Cada fractura de cadera evitada o tratada con éxito representa más que un caso clínico resuelto: es una historia de independencia recuperada.

Referencias

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  • Zhang, B., et al. (2025). Global, regional, and national burden of hip fractures: trends 1990–2021. Journal of Bone and Mineral Research. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12488404/
  • Clark, P., Cruz-Priego, G. A., Rascón-Pacheco, R. A., Bremer, A., & Borja-Aburto, V. H. (2024). Incidence of hip fractures in Mexico 2006–2019: increasing numbers but decreasing rates. Osteoporosis International
  • Medina, A. (2025). Epidemiological data and burden of osteoporosis and hip fractures in Latin America. Bone Reports. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0121812325000039
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  • Serrano-Lugo, M. A., Luján-Hernández, I., Ledesma-González, M. E., & Torres-Salazar, Q. L. (2025). Validation of the Nottingham Hip Fracture Score (NHFS) to predict 30-day mortality following hip fracture in a Mexican population. Revista Española de Geriatría y Gerontología. https://doi.org/10.1016/j.regg.2024.101610