En 2020, más de 595 millones de personas vivían con artrosis, un aumento del 132 % frente a 1990. Las proyecciones del Global Burden of Disease señalan que, si la tendencia no cambia, en 2050 el registro superará los 1 000 millones. Dentro de esa cifra, el grupo de 20 a 45 años crece con particular rapidez: cada vez se documentan más cirugías de rodilla o cadera en pacientes que aún no han cumplido los cuarenta. Este cambio generacional plantea retos clínicos (¿cómo frenar el daño?) y sociales (¿qué pasará con la productividad y los costos de salud si el desgaste articular llega antes que nunca?).
¿Qué acelera el desgaste articular antes de los 40?
-Sobrepeso mantenido desde la adolescencia. Un seguimiento de 20 años observó que quienes se mantienen con un IMC (índice de masa corporal) alto desde los 18 años tienen hasta tres veces más riesgo de necesitar una prótesis de rodilla en la vida adulta. El cartílago, diseñado para amortiguar peso moderado, recibe ahí una sobrecarga constante que acelera su envejecimiento.
-Lesiones deportivas, en especial del ligamento cruzado anterior (LCA). Pese a los avances quirúrgicos, los estudios de cohorte revelan que cuatro de cada diez rodillas operadas por ruptura de LCA (ligamento cruzado anterior) artrosis radiográfica en 15 años. El trauma inicial y los cambios biomecánicos residuales parecen dejar una “huella” que el cartílago no olvida.
-Sobrecarga repetitiva. Deportes de impacto —fútbol, baloncesto, halterofilia— combinan microgolpes, giros bruscos y contacto físico; la literatura muestra el doble de incidencia de artrosis frente a poblaciones menos activas, sobre todo cuando la técnica o la progresión de cargas son inadecuadas.
-Estilo de vida híbrido. Largas jornadas frente a pantallas seguidas de “fines de semana extremos” crean un ciclo de inactividad entre semana y sobreesfuerzo repentino. Las articulaciones, faltas de estimulación progresiva, no tienen del tiempo necesario para adaptarse.
Detección temprana: lo que buscan hoy los especialistas
Las radiografías siguen siendo la puerta de entrada, pero muestran cambios evidentes solo en fases moderadas. Por ello, la guía NICE NG226 sugiere considerar resonancia magnética (RM) cuando el dolor articular persiste. La RM identifica edemas óseos y fisuras de cartílago microscópicas, hallazgos que validan el síntoma del paciente y permiten planificar estrategias de control antes de que el espacio articular se reduzca irreversiblemente. Además, nuevas líneas de investigación analizan biomarcadores séricos (COMP, CTX‑II) para monitorizar degradación de colágeno de forma no invasiva, aunque su aplicación clínica aún se debate.

Imagen: Artricenter
Opciones terapéuticas actualmente investigadas
Enfoques no quirúrgicos multimodales. Los programas combinan educación sobre carga articular, ejercicio supervisado y ajustes de ergonomía. Aunque cada paciente es distinto, la evidencia coincide en que un abordaje integral mejora la función y ralentiza la progresión radiográfica.
Viscosuplementación con ácido hialurónico (AH). Una revisión‑paraguas de 2025 agrupó 20 meta‑análisis y concluyó que, en poblaciones seleccionadas, la infiltración intra‑articular proporciona una disminución del dolor clínicamente relevante durante al menos seis meses, con ácido hialurónico como Synolis VA, permitiendo posponer intervenciones quirúrgicas. El efecto varía según el peso molecular del AH y el número de aplicaciones, tema en el que la investigación sigue refinándose.
Cirugía correctiva o reemplazo articular. Se reserva para casos avanzados donde el desgaste ya compromete la calidad de vida. En pacientes jóvenes, la meta es aplazar la prótesis tanto como sea posible para evitar recambios futuros, lo que subraya la importancia de intervenir cuando el cartílago todavía conserva una porción funcional.
Impacto personal y social
Más allá del dolor, la artrosis temprana afecta la participación laboral, limita la práctica deportiva recreativa y repercute en la salud mental. Varios estudios asocian el dolor articular crónico con ansiedad y depresión, un vínculo que recuerda la necesidad de abordajes interdisciplinares que incluyan gestión del dolor, apoyo psicológico y acompañamiento educativo. Al mismo tiempo, es necesario que los sistemas de salud se preparen para un posible aumento en solicitudes de artroplastia en personas jóvenes.
¿Y entonces?...
La artrosis ya no puede catalogarse como un problema exclusivo de la tercera edad. El sobrepeso persistente, las secuelas de lesiones deportivas y la combinación de sedentarismo con picos de actividad han desplazado el desgaste articular hacia la juventud. Comprender este cambio resulta clave para que médicos, pacientes y responsables de salud diseñen estrategias de vigilancia temprana y acceso oportuno a terapias con sustento científico. A medida que la investigación amplía las opciones —desde viscosuplementación optimizada hasta biomarcadores de riesgo—, el reto es adoptarlas informadamente y adaptada al contexto de cada persona.
Referencias
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- Liukkonen, R., Vaajala, M., Mattila, V. M., & Reito, A. (2023). Prevalence of post‑traumatic osteoarthritis after anterior cruciate ligament injury remains high despite advances in surgical techniques. The Bone & Joint Journal, 105‑B(11), 1140‑1148.
- Vannini, F., Spalding, T., Andriolo, L., Berruto, M., Denti, M., Espregueira‑Mendes, J., … Filardo, G. (2016). Sport and early osteoarthritis: The role of sport in aetiology, progression and treatment of knee osteoarthritis. Knee Surgery, Sports Traumatology, Arthroscopy, 24(6), 1786‑1796.
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